La dieta mediterránea ecológica: saludable, sostenible y ética

La dieta mediterránea (de antaño) ha probado ser una de las dietas más saludables, que favorece la longevidad: es rica en verdura y fruta fresca, legumbres y cereales integrales. Estos últimos actúan como fuente principal de carbohidratos y minerales; las legumbres nos aportan proteína de calidad; y el aceite de oliva virgen extra es grasa “de la buena”: rica en antioxidantes, vitaminas y ácido graso monoinsaturado.

Sin embargo, desde hace unas décadas, la dieta mediterránea está en declive. Con el aumento del poder adquisitivo, la globalización y la falta de tiempo de l@s am@s de casa, prolifera la comida rápida y procesada, un exceso de grasas saturadas y bollería industrial, así como un elevadísimo consumo de productos cárnicos de dudosa calidad y procedencia. Aunque nos suele interesar la ingesta de proteínas, en la mayoría de los casos ingerimos hasta el doble de lo indicado por nutricionistas. Además, la gran parte siendo proteína animal “contaminada” de hormonas, antibióticos y otras sustancias químicas y potencialmente tóxicas.

Si miramos nuestra alimentación no solo desde un punto de vista nutricional, sino también valoramos su sostenibilidad e impacto en la ecología, economía y sociedad global, deberíamos considerar también los siguientes factores:

  • El terreno necesario para la producción ganadera industrial (tierras de cultivo y pasto) es más del 70% de toda la tierra agrícola del planeta. Eso fomenta la deforestación de la selva, la monocultura y la hambruna en países en desarrollo. Además, para producir 1 caloría de carne vacuna se necesitan 33 calorías vegetales (pienso).
  • Nuestro sistema alimentario es responsable del 25% de todas las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) que provocan el cambio climático. Solamente los alimentos de origen animal ya constituyen un 18%.
  • El abuso de antibióticos y hormonas y la transmisión de enfermedades infecciosas en la ganadería industrial causa una crisis sanitaria, pues crea una resistencia en los humanos y la necesidad de recurrir a remedios cada vez más agresivos y dosis más elevadas.
  • El ganado ecológico a pequeña escala sin embargo logra minimizar la emisión de CO2 a un mínimo, es incluso beneficioso para el suelo y respeta el bienestar animal. Animales que pastan no “compiten” por los alimentos aptos para humanos. Y por supuesto lo ideal es que los animales se críen donde también se consumen, para garantizar justicia y soberanía alimentaria.

Si nos hacemos el favor de volver a cocinar con alimentos frescos, locales y ecológicos de temporada, disfrutamos de las legumbres a diario y disminuimos el consumo de proteína animal, favorecemos nuestra salud, el bienestar animal, el clima, la preservación del medio ambiente, la biodiversidad y la economía rural. ¡Buen provecho!

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By | 2018-07-24T16:11:58+00:00 julio 24th, 2018|Blog|0 Comments

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