Quien mira hacia fuera sueña, quien mira hacia adentro despierta.

Carl Gustav Jung

Qué importante es tu mirada a la hora de ver la vida. Tu mirada aporta los condicionantes a aquello que ves, los colores, los sabores, los aromas, la belleza y también las tribulaciones, todo lo que ves parte de cómo lo ves.

Solo si estás atento a eso que se esconde en tu interior podrás modificar tu mirada y si lo consigues habrás podido cambiar la percepción de tu vida y entonces tu vida habrá cambiado. La fórmula sería: cambia la manera en que ves la vida y tu vida habrá cambiado.

Pero para hacerlo has de comenzar a dirigir tu mirada al núcleo donde se genera esa visión y no es más que tu más hondo interior, ese que de tan profundo te hace llegar a la esencia auténtica que siempre estuvo ahí y que es inamovible, la que te conecta con el vacío. Cuando alcanzas ese vacío tu mirada se llena automáticamente de la energía amorosa que eres en esencia, de la luz más básica con la que se iluminará tu senda.

Veo, veo, ¿qué ves?

Ves las cosas como tú eres, desde los filtros que a lo largo de los años has ido disponiendo como prismas de cristal frente a tus ojos, algunos son transparentes, otros opacos, unos amplían lo que eres, otros menguan tu manera de mostrarte hacia la vida. Esas frases que de pequeño escuchabas sin cesar hicieron mella en ti y te llenaron de creencias, algunas potenciadoras, algunas otras, las que pesan, las que molestan, limitantes.

¿Cuándo te dijeron que no valías, que no eras capaz, que no te lo merecías, que eras débil o demasiado bueno, o que eras malo, o travieso, que eras tímido o que no callabas bajo el agua, que eras vago o que te tomabas las cosas demasiado en serio?

Fueran las que fueran las frases a las que tu entorno te tenía habituado, dichas cuando el niño es esponja puede que se cristalizaran en la lente desde la que percibes tu mundo, un mundo en muchas ocasiones lleno de incapacidades, miedos, complejos y desmerecimientos.

Esa mirada solo se puede limpiar iniciando una intensa excursión hacia tu interior. Lo de fuera son todo reflejos de lo que se cuece tras el telón. Allí entre tus propias bambalinas se genera la predisposición a ver lo que sucede desde las marcadas ideas preconcebidas que a lo largo de tu vida has ido confirmando a cada mal gesto, a cada ‘fracaso’, a cada metedura de pata o bache.

Allá fuera, la luz no existe si tú no la desprendes. Tú mismo eres quien ilumina el camino por el que peregrinas y la estela que dejas al pasar. La llama siempre se enciende desde el interior, no te confundas.

Si te sientes apagado no será por lo que ocurre fuera, siempre será por cómo interpretas eso que te desconcierta. Ves lo que eres, ves desde el periscopio de tu submarino existencial.

Hay mucho más trabajo que hacer dentro que fuera, pero tu interior es tan sutil que es muy agradecido. Con pequeños cambios en tu entramado interno verás grandes saltos en tu conciencia externa. A poco que muevas ficha, a poco que cambies los muebles de sitio encontrarás un nuevo decorado y nuevos personajes que te harán la vida más fácil, más bella, más dulce…porque, aunque haya días que la vida te parezca una lucha, que te parezca injusta y monstruosa, la verdad es que la vida es un regalo lleno de transparencia y liviandad, es algo tan natural que a veces resulta difícil por lo sencilla que en realidad es.

No nos han educado para la simplicidad, creemos que las cosas cuestan mucho, vivimos siempre en modo ascensión al Himalaya. Pero los sabios, los que ya han pasado por muchas experiencias siempre nos recuerdan que la vida va más de dejarse llevar que de resistirse, más de fluir que de controlar, más de aceptar que de desear, más de mirar hacia adentro que de tratar de encajar en todo lo que parece que se mueve allí fuera.

Lo de fuera es un sueño pasajero, lo que tienes ahí dentro te va a permitir despertar para siempre.

Arnau Benlloch

Periodista y autor del libro ‘100 maneras de conectarse a la Fuente’

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