‘Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.’

Carl Jung

La resistencia, el control, la manipulación de lo inmanipulable te lleva en ocasiones a una actitud obsesiva ante cómo te muestras hacia los demás.

Cuando tratas de negar qué eres, quién eres, e intentas que tu realidad se introduzca en un molde preconcebido, tejes tu propio corpiño social, ese que te obligas a ceñirte bien apretado y que acaba ahogándote.

A medida que vas transitando por tu historia comienzas a darte cuenta de que lo que no aceptas de ti, lo que no aceptas de los demás, lo que no aceptas del mundo es lo que se te va a servir bien caliente cada mañana en el desayuno.

Los que saben del inconsciente dicen que aquello que tratas de ocultar, de apretar en tu interior para que no salga, eso que ni tú mismo quieres ver, te va a hacer perder energía y tiempo, pues será algo en lo que siempre estarás enfocado. Tu mirada, aunque sea de reojo, y tus desvelos, rondarán sobre aquello que crees necesitar ocultar del dominio público.

 Aunque no quieras, aunque te disguste, esos aspectos de ti que no logras aceptar y que aíslas con muros de piedra, bajo cerraduras oxidadas o en lo más profundo de tu propio mar, siempre encuentran la manera de aparecer cuando menos te los esperas y suele ser en el peor momento posible.

Todos tenemos sombras, todos tenemos fantasmitas que desearíamos no tener, personalidades ocultas que desearíamos que menguaran hasta su disolución.

Pero parece ser que la mente humana no funciona así, bien al contrario, en cuanto mandas una parte de ti atada con rocas hacia el fondo de tu sima, te podrás librar de esos pensamientos durante unos días, unas semanas, unos meses a lo sumo, pero un día, alguien dirá algo, observarás algo o sentirás algo y tu profunda realidad volverá a salir como un resorte y mostrará ante ti y ante el mundo esa persona que niegas ser, ese carácter que te niegas a identificar como parte de ti.

El ser triste que acarreas a tus espaldas necesita salir y lo hará, el ser agresivo a veces saldrá, el ser egoísta saldrá y también el envidioso. Saldrá el pervertido, el sádico, el fanático, el desequilibrado, el masoquista, el arrogante, el miedoso, el censor, el controlador, el amargado, el aburrido, el lujurioso, el iracundo, el codicioso…Tienes en tu catálogo todas estas personalidades y muchas más, negarlas, tirarles tierra por encima, maquillarlas o tratar de olvidarlas no van a hacer que desaparezcan, bien al contrario, les estás dando importancia, de no ser así no las encarcelarías.

Si, por el contrario, comienzas a comunicarte con esas partes que catalogas de menos nobles en ti, comenzarán a abrirse a la luz y muchas de ellas perderán fuelle, se disiparán o se transformarán en actitudes que verás con mejores ojos.

Ser buena persona no tiene nada que ver con reprimirte, tiene más que ver con conocerte y tratar de vivir desde la parte de ti que ilumina y endulza, no la que oscurece y amarga.

En el momento en que aparentas ser perfecto hay algo que estás ocultando. La imperfección asumida te permite mostrar tu vulnerabilidad y he ahí donde encontrarás el nexo de unión con eso que llamas oscuridad en ti. Al reconocer esa parte de ti le estás dando luz, al reconocer tu error, tu grieta, tu debilidad como humano, abres de par en par la ventana, y la luz de la aceptación neutraliza tu sombra.

Todos tenemos aspectos que nos avergüenzan, todos tenemos dolores que nos penetran profundo y pulsiones que nos impiden abrazarnos por completo.

Cuanto mayor autoconocimiento, mayor respeto tendrás por ti, y conectarás con ese aspecto de ti, el más profundo y sincero que fue y será y que siempre te hará mostrar tu cara más auténtica. Lo que aceptas te transforma.

Arnau Benlloch

Periodista y autor del libro ‘100 maneras de conectarse a la Fuente’

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