‘Solo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio’

Sigmund Freud

La cercanía del cambio de año siempre es un buen momento para reflexionar sosegadamente sobre el camino que llevamos transitado. Un camino que, lejos de ser lineal, se revuelve como una espiral en la que subes, bajas, giras hacia un lado y hacia el otro, retrocedes, avanzas, te detienes, sigues. Hay momentos en que parece que todo se para, pero aun así todo continúa siempre en movimiento.

Esta espiral de vida se alimenta y se enriquece de lo que llamamos experiencia. Las cosas que te van sucediendo, las afrentas, las alegrías y los disgustos, los accidentes, incidentes, y conocimientos que solo sobre el terreno puedes experimentar, que van más allá de lo que observas, lo que presupones o lo que aparenta.  Solo aquello que te sucede en primera persona es lo que marca tu evolución y tu crecimiento.

Y lo que te sucede puedes tomártelo como castigo o aprendizaje, depende de lo dispuesto que estés a asumir que forma parte de tu bagaje vital y que todo contenido es válido para rellenar las siguientes páginas de tu historia de vida.

Eso sí, la experiencia es personal e intransferible. Por mucho que te lo cuenten, por mucho que seas testigo de situaciones que afectan a otros, por mucho que te pongas en la piel de los demás, hasta que algo no te penetra, te atraviesa y te sucede, no puedes tener ni idea de lo que ello conlleva. Meterte con el agua hasta las rodillas o hasta el cuello en la experiencia es lo que marca la diferencia.

La vida como cúmulo de experiencias

No es más sabio quien más experiencias tiene sino quien asume las que le suceden, logra aceptarlas y salir reforzado de ellas, o al menos sabe discernir el conocimiento que le aportan.

Mientras escribo estas líneas mantengo la pierna en alto por prescripción facultativa. Acabo de salir de un ingreso hospitalario de dos semanas. Me rompí tibia y peroné en accidente de moto y he pasado en estos días dos veces por quirófano. Esto no ha hecho más que empezar, pero la experiencia acumulada ha sido intensa e intensiva. Era mi primera experiencia hospitalaria, mi primera baja laboral, mi primera ambulancia, mi primer quirófano, mi primera epidural, mi primer plato, mi primer gotero, mi primera dependencia total. Y siendo que no es una experiencia nada agradable es una experiencia y como tal, te ayuda a ascender un escalón en el conocimiento de esto tan frágil a lo que llamamos vida.

Y estamos hablando solo de romperse una pierna, no alcanzo a imaginar cómo han de ser otras experiencias más límite.

Como decía Freud en esta cita sobre la que hoy reflexiono, por muchas veces que haya visto a alguien en un hospital, por muchas veces que alguien cercano haya sufrido una fractura, por muchas veces que haya tratado de ponerme en la piel de una persona dependiente. Hasta ahora, en que la experiencia me ha atravesado, no soy consciente del nivel de dificultad que reporta no poder moverte y que dependas de los demás para hacer las cosas.

Valorar las cosas de la vida está pues estrechamente vinculado a la experiencia. Cuando tienes experiencias de este tipo valoras mucho más la independencia, la salud, la capacidad de enfrentarte con todos tus recursos al devenir.

Lo mismo ocurre con la espiritualidad. Hasta que no experimentas la presencia de algo más grande que tú, de esa Fuente de energía de vida que todo lo abarca, no podrás ni siquiera atisbar, ni oler, lo que eso significa. Ahora, eso sí, una vez lo has experimentado, por muchas crisis que tengas ya sabes a dónde has de volver.

La mente, las teorías, el plano, el mapa, los textos, las ideas, las reflexiones son tan solo complementos de la verdadera experiencia. Habrá cosas que la vida te obligue a experimentar contra tu voluntad, ábrete a ello también pues forma parte del plan. Pero hay otras experiencias que tendrás que ser tú quien las propicies.

Hasta que no saltas un muro no sabes si eres capaz, hasta que no soportas un determinado dolor no sabes que puedes soportarlo, hasta que no te rompes no sabes que eres frágil, hasta que no le besas no te crees merecedor, hasta que no saltas no tienes ni idea de que puedes volar.

Todo lo que sea abrirse a experiencias que van a hacerte subir un peldaño, te animo a que las dejes entrar, ábreles la puerta, no sabes dónde te llevarán, pero seguramente te harán más sabio. Lo que no experimentas no existe.

Cómo decía Kavafis, cuando por fin llegues a Ítaca…

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

Arnau Benlloch

Periodista y autor del libro ‘100 maneras de conectarse a la Fuente’

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