‘No es valiente aquel que no tiene miedo sino el que sabe conquistarlo’

Nelson Mandela

Hay dos alimentos emocionales opuestos que conviven en nuestra nutrición vital de cada día: el amor y el miedo.

Hay quien vive instalado en el amor y de vez en cuando el miedo le asoma. Y hay quien vive instalado en el miedo y de vez en cuando se le revelan destellos de amor. Lo habitual es vivir en un ligero vaivén entre ambos estados de conciencia. Pero a veces da la sensación de que el miedo nos gana la partida.

El verano es una época en la que nos permitimos estar más hacia fuera, nos permitimos un mayor deleite, el fruto está maduro y el amor a poco que le prendas puede encenderse, así que es una buena estación para reflexionar sobre en qué medida estos dos ingredientes están presentes en tu día a día.

El miedo paraliza, tira hacia abajo, densifica tu vida, hace pegajoso tu progreso, lastra tu crecimiento, te hace girar en círculos concéntricos de preocupación que te mueven hacia adentro y hacia abajo, te refugia en ti mismo, te va haciendo pequeño y te va aislando hasta que te das cuenta de que has perdido toda naturalidad.

En realidad, el miedo solo existe en tu mente, son fantasmas que se pueden atravesar uno detrás de otro, pero el propio proceso del miedo te ha dejado bajo de forma y te quita el empuje que necesitas para atravesar su malla, su matrix meramente virtual.

Hablando en términos de bioquímica ya sabemos que la hormona del amor es la oxitocina a la que se unen esas que producen alegría y bienestar como son la serotonina y la dopamina.  Por otro lado, están las armas químicas que emplea el ejército del miedo que son la adrenalina y el cortisol.

Te has hecho adicto a las sustancias del miedo, eres un yonki aletargado. Te identificas con ese yo acongojado, con ese yo miedoso que tienes tan bien instalado en tu psique y de repente el día en que te das cuenta de que no estás preocupado te preocupas por ello.

La liberación de esas sustancias te intoxican, te agotan, te están consumiendo, y a elevados niveles de agotamiento jamás podrás ver la vida tal y como es, solo percibirás las sombras, los recovecos, los pozos oscuros y vivirás en la frontera de la depresión, siempre por debajo del nivel del mar de tus emociones más agradables.

Estamos construyendo una sociedad crónicamente cansada, que apenas respira, poco oxigenada y que te conduce a una vida estrecha que te hace esclavo de tu propio miedo.

Es el momento de iniciar el camino de la desidentificación con el miedo. Tú no eres tus miedos.

Ante esta emoción unos se achican y otros encuentran el modo de superarla. La técnica más sencilla es permitirte sentirlo, si lo niegas te perseguirá, si miras hacia otro lado te acechará, si te evades, cuando vuelvas de tu viaje estará esperándote apoyado en la equina.

Respirar, meditar, alimentarte correctamente, hacer deporte, yoga, nadar, hacer el amor, pasear por la naturaleza, abrazar…son repelentes que alejan los miedos.

Tu miedo necesita ser escuchado, te quiere decir lo que has de cambiar, te quiere decir cómo has de entrenarte en el camino del amor. Y así, lo que antes era denso y negro se transforma en liviano e iluminado.

Genera amor en esas partes de ti que sientes abandonadas y habrás iniciado el camino para conquistar el miedo.

Arnau Benlloch

Periodista y autor del libro ‘100 maneras de conectarse a la Fuente’

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