‘Solo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos’

Antoine de Saint-Exupéry ‘El Principito’

Lo que gobierna tu vida no se ve, solo se percibe, aunque para ello has de estar atento. La esencia de tu existencia es trasparente, no se huele, no se toca, simplemente se siente, se intuye. Tu miopía vital disminuirá a medida que reconectes con ese vasto ámbito que representa todo lo invisible que hay en ti y la relación que mantienes con el mundo: las emociones, los pensamientos, las intenciones, las intuiciones…

Una vida en exceso centrada en lo material es una vida con superávit de dioptrías, donde solo ves la superficie transitoria de las cosas, esas que un día desaparecerán sin dejar rastro mientras te pierdes el cultivo de aquello que hay en ti que siempre permanece. La paz, el amor, el sosiego, la alegría de vivir…siempre están, pero en muchas ocasiones no te paras a escuchar su  verdadero sonido, no te paras a contemplar el verdadero paisaje que está dibujando tu biografía. El ruido te lleva a mirar desde donde todo es confuso.

Tu mirada necesita presencia

Conecta tus ojos con tu corazón y cambiará tu manera de percibir lo que ocurre en tu entorno. Aplica silencio a tu mirada, paciencia, comprensión, aceptación y serás capaz de captar los mensajes necesarios que te impulsen a llevar una vida más apacible. La información para llevar una vida mejor siempre está ahí, a tu servicio, solo has de prepararte para alcanzar a verla y a interpretarla, para ello necesitas una buena dosis de confianza y prestar atención al momento.

Cuando tu mirada está desconectada del amor esencial, el miedo crea unas cataratas que te nublan y te distraen de lo verdaderamente importante. Conectar tu mirada desde el corazón es el ejercicio primordial para que tu película vital sea agradable.

No es tan complicado, se trata de soltar capas más que de aprender algo nuevo, se trata de simplificar, no de querer siempre más, de reconocer en los pequeños detalles el lenguaje del amor con el que la vida te habla.

El camino al recogimiento

El otoño te invita poco a poco a ir replegándote, a dejar que lo caduco caiga, se deslice de ti, vuele…soltar para volver a tomar.

Las noches más cortas, la inestabilidad atmosférica y la bajada de temperaturas te apoyan en ese camino hacia ti mismo, ese camino que te ayuda a conectar con la mirada desde el corazón, a realizar la transición desde ‘el todo hacia fuera’ del verano, hacia un nuevo peregrinaje reflexivo encaminado hacia el próximo ciclo interior.

Entrenarte en el sentir comienza por volver a confiar en la vida, como un niño, virgen de golpes y magulladuras. Confiar en que estás protegido, en que todo llega y todo pasa.

Lo que ves es lo que rumias dentro, eso que proyectas sobre la pantalla blanca, como en un cine. Si hay amor en tu interior verás de vuelta ese amor, percibirás esa frecuencia elevada que hace que todo ocurra.

Vivir a corazón abierto te permite disfrutar de todo el paisaje, con los ojos entornados solo percibirás tinieblas y sombras. Es interesante que limpies desde bien dentro tu mirada, que dejes caer velos que ya no te sirven, que desnudes tu denso follaje para dejar paso al nacimiento de nuevos brotes.

El otoño te invita a ir cerrando puertas y ventanas y preparar el fuego interno para que cuando llegue el invierno te sientas estructurado, centrado y sobre todo conectado.

 La meditación, la contemplación, la respiración consciente son actividades que te acompañarán hacia ese estado introspectivo que el invierno pronto te va a sugerir.

Limpia el cristalino de tu corazón y deja que tus ojos continúen latiendo. Lo esencial es invisible a los ojos.

Arnau Benlloch

Periodista y autor del libro ‘100 maneras de conectarse a la Fuente’

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