‘No empujes el río porque fluye solo’

Barry Stevens

La fuerza de la vida siempre es mayor que la tuya propia. La mente una, la energía cósmica, la Fuente o como sea que denominas a esa fuerza toti potencial que se expresa a través de la vida es, lo quieras o no, la que decide en cada instante hacia donde fluye tu río.

Solo alcanzas a comprender que tú no tienes el control cuando entrenas la fe. Y de esta vamos bien escasos. Que siempre ocurre lo mejor para tu momento evolutivo es una idea que queda muy bien sobre el papel pero que solemos poner en duda cuando las cosas no marchan como queremos o teníamos planificado.

Cuando acabes de convencerte de que no tienes el control de tu vida y mucho menos de la de los demás, podrás vivir un poco más relajado como la hoja que cae al agua y se deja mecer río abajo hasta perderse en el mar.

El exceso de control provoca sensación de descontrol, pero para dejarse en manos de la vida hay que estar predispuesto a dejar mucho miedo por el camino, capazos de miedo.

En tu vida, como en las mejores películas siempre habrá un giro inesperado de guion que te romperá los esquemas, las rutinas, te alejará de tu comodidad y te hará plantearte nuevas soluciones, nuevos retos, nuevas ecuaciones. Esos bruscos golpes de timón vistos desde la distancia han sido los que han marcado tu rumbo, los que te han aportado las lecciones más intensas, los aprendizajes más valiosos y los cambios más profundos.

La vida es una suma de ecuaciones llenas de incógnitas, pero al contrario que en las matemáticas que se resuelven desde la lógica y la analítica, éstas se resuelven desde la intuición, la confianza y la conexión a ese río energético que nos impele a fluir.

Fluir es un término que puede sonar hippie, pero que finalmente nos lleva a ser libres. El arte de la no fricción va de la mano del bienestar personal. La no resistencia es lo que nos permite adaptarnos a lo que sea que está por venir.

En el lenguaje del fluir entran términos como la aceptación, el desapego, la renuncia, la flexibilidad, la adaptación, la relajación, la confianza, la fe, la actitud positiva, el amor, el perdón y el humor. Se me ocurren muchas más, pero si ponemos estas en juego seguro que el descenso del río te resulta más agradable.

El río gira, encontrarás torbellinos y cascadas, zonas de amplio caudal y otras en las que el agua se estanca y parece que todo acaba. También forma parte del fluir el dejar de hacerlo temporalmente.

Aunque creas que estás detenido y tu mundo se convierte en ciénaga, si amplías el mapa podrás ver que es solo este instante, que allá en el horizonte de nuevo el agua comienza a discurrir poco a poco hacia el nuevo devenir.

Las cosas cuando se fuerzan pierden su naturaleza, la fuerza solo sirve para continuar aprendiendo de la vida, no para resistirse a ella, ni para aferrarse ni para tratar de violentarla. La fuerza solo sirve si es para superar tus propias barreras, para crecer sobre ti mismo y para entrenar tu capacidad de reacción ante los imprevistos que siempre ocurren y ocurrirán. Los imprevistos llegan, pero también pasan, como todo, como el río, como tu vida.

Suelta el freno, deja de arañarte tratando de aferrarte a las cañas que pueblan tu orilla y vuelve a deslizarte por la corriente natural de la vida. No empujes, deja que la sabiduría que te trajo hasta aquí te lleve sin resistencias más allá de donde nunca imaginaste llegar.

Arnau Benlloch

Periodista y autor del libro ‘100 maneras de conectarse a la Fuente’

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