‘No somos seres humanos viviendo una experiencia espiritual; somos seres espirituales viviendo una experiencia humana’.

Pierre Teilhard de Chardin

La primera vez que me encontré con esta sencilla explicación de quiénes somos en esencia fue hace años en un libro de Wayne Dyer y al leerla algo encajó en mí. Es una sencilla y gráfica idea que hace unos días volví a escuchar en boca de Azad Singh en un retiro de kundalini yoga. Parece ser que quien primero la enunció fue el jesuita y filósofo Pierre Teilhard de Chardin.

El día en que comprendes que tu cuerpo es solo el vehículo de algo mayor e infinito algo cambia en ti y el día en que logras experimentarlo, todo cambia en ti. Todo encaja y comienzas a vivir desde la visión de la infinitud y ya no tanto desde la estrechez del cortoplacismo ególatra.

Somos cuerpo, somos mente y somos energía y estas tres esferas cuando tienden al equilibrio dejan que se exprese esa parte espiritual que hace que la vida, la Fuente, o como llames a esa energía una, sea en ti y se exprese a través de ti.

Para permitir que eso ocurra solo has de enfocarte en crear el terreno adecuado para que suceda. Arar tu tierra, sembrarla, regarla, quitar la broza, esperar a que el fruto esté listo y muy importante: compartirlo.

Cuando encajan esos tres ejes: mente, cuerpo y energía, te conviertes en el canal perfecto que sintoniza con el dial perfecto para dejar que lo perfecto de la existencia se revele a través de ti.

  1. Cuando hablo de mente me refiero a tus pensamientos, tu diálogo interno, tu capacidad analítica, tu razón, tu lógica, tu software…
  2. Cuando hablo de cuerpo me refiero a tu bioquímica, tus sistemas, tus emociones, al templo del alma, a tu vehículo físico…
  3. Cuando me refiero a tu energía hablo de ese campo sutil que te envuelve, esos quarks infinitesimales que te conforman, los átomos, el sistema nervioso, el infinito en ti…

Y para equilibrar esos tres vórtices es necesaria la práctica: tu práctica.

  • Para tu mente: medita, lee algo inspirador, contempla, disfruta el silencio, para…
  • Para tu cuerpo: respira, aliméntate conscientemente, haz ejercicio, camina, practica yoga, chi kung, danza, haz el amor…
  • Para tu energía: ora, comunícate con la Fuente, cultiva tu interioridad, viaja a tu vacío, inspírate con ancianos, con sabios, con niños, perdona, reconecta con la naturaleza, ama…

No actúes como un ser humano finito o te convertirás en él. Actúa como un ser eterno y lo serás, justo en el momento presente.

Como dice el Doctor José Luís Guinot, no sabemos si hay vida después de la muerte, lo único seguro es que hay vida antes de la muerte.

Pon tu parte de humano en este periodo del tiempo tan corto, pero al mismo tiempo crea las condiciones para que eso otro que no se ve, que siempre estuvo y estará, pueda asomarse a través de ti y te ayude a hacer lo que has venido a hacer.

En ti hay algo que es más grande que tú, cuanto mayor comunicación mantengas con esa parte de ti, tu periplo por este mundo será más intenso, más vívido.

El síntoma de que estás conectado es una vida vivida con entusiasmo y tu responsabilidad es crear las condiciones para que esto suceda. Deja que tu verdadero ser se exprese. Calla, escucha, mira hacia dentro y de nuevo calla, escucha, mira hacia dentro. Cuando llegues al silencio y puedas tocar el vacío con tus dedos, estarás más cerca de sentir tu infinitud y todo en ti se calmará, sentirás tu vasija rebosante, sentirás que has vuelto a casa.

Arnau Benlloch

Periodista y autor del libro ‘100 maneras de conectarse a la Fuente’

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