PREGUNTA: Hasta la semana pasada, el cardo mariano era una planta con pinchos que crece al lado de caminos y carreteras y que algunas personas toman para desintoxicar su hígado, pero hoy es una esperanza para una enfermedad que conoces muy bien….

RESPUESTA: Efectivamente, conocemos la actividad antihepatotóxica del cardo mariano y de su principal principio activo, la silimarina, desde hace muchos años. Su eficacia clínica ha sido demostrada en distintos tipos de alteraciones hepáticas, principalmente en las producidas por alcohol y las causadas por virus. Por mi parte, la vengo utilizando tanto a nivel preventivo así como en las personas afectadas de cáncer, debido también al papel quimiopreventivo de esta planta.
Como bien apuntas, expertos del Instituto Catalán de Oncología acaban de dar a conocer como dos pacientes afectados de cáncer de pulmón que no conseguían reducir sus metástasis cerebrales ni con quimio ni con radioterapia, si lo podían hacer mediante un derivado del cardo mariano. Esta investigación me reafirma en el uso de esta planta y abrirá, sin duda, líneas de trabajo muy prometedoras. Sin embargo, hay un matiz muy importante que quisiera destacar. Su importante papel en los procesos de detoxificación y el hecho de que esta planta se pueda recolectar al lado de carreteras hace recomendable, en la medida de lo posible, que su procedencia sea ecológica.

P: ¿Cómo llega un biólogo a trazar un Plan Anticáncer?
R: Mis comienzos profesionales en un prestigioso Instituto del Cáncer y la enfermedad de mi madre siendo muy joven hicieron que explorase cualquier terapia no convencional que, bajo el paraguas de la eficacia y seguridad, pudiese aplicar concomitantemente con los tratamientos oncológicos tradicionales. Así, el trazar un Plan Anticáncer, se debe a muchísimos años de estudio buscando modelos y estrategias mucho más completas que intenten montar el complejo puzle que es la persona afectada por esta dura enfermedad.

P: 14 millones de caos de cáncer en el mundo en 2012 y una previsión de 22 millones para la próxima década. ¿Tiene la Sanidad pública un Plan Anticáncer? Y ¿A qué crees que se debe?
R: La prevención del cáncer puede ser planteada en dos etapas: antes de que aparezca la enfermedad, lo que equivaldría a evitar su génesis; es la denominada prevención primaria, o después de su aparición, es decir, la prevención secundaria. La Sanidad pública y, por supuesto la privada, se centra especialmente en la segunda, la secundaria.

Es en ella donde radica la utilización de determinadas técnicas de detección precoz, como la mamografía, las citologías, determinados marcadores sanguíneos o las colonoscopias. La prevención primaria implica el determinar los factores de riesgo y aquí radica el quid de la cuestión. La elevada complejidad metodológica que conlleva determinar cómo determinadas sustancias son cancerígenas se aprovecha no solo por los productores y fabricantes de algunas de ellas, sino también por legisladores y científicos afines.

Un buen ejemplo de ello es, sin duda, el largo y difícil camino que algunos epidemiólogos y científicos tuvieron que recorrer para demostrar algo que hoy en día ya no se cuestiona, el vínculo entre el tabaco y determinados tumores, especialmente el de pulmón. La presión ejercida por la industria tabacalera y por muchos científicos muy afines fue brutal. En la actualidad, lo estamos viviendo, por ejemplo, con determinados productos químicos como el bisfenol A o determinados herbicidas.

P: Una enfermedad como el cáncer, ¿toca en mala suerte?
R: Hace aproximadamente un año se publicó un polémico estudio achacando al azar parte del riesgo de sufrir determinados tumores. Sus autores exponían que el cáncer, lejos de ser causado por factores extrínsecos, es causado únicamente por factores intrínsecos, como las mutaciones de las células.

Posteriormente, otro estudio lo desmintió, manifestando justo lo contrario: que la mayoría de los cánceres se deben a factores de riesgo externos. Sus resultados muestran y prueba definitivamente que la “mala suerte”, es decir, las mutaciones aleatorias que ocurren de forma natural al dividirse las células, no es una explicación suficiente para la aparición de un tumor. Por el contrario, los factores extrínsecos tienen una influencia predominante, hasta el punto que los factores externos constituyen entre el 70 y el 90% del riesgo de padecer esta enfermedad. De este modo, una buena parte de la investigación en cáncer debería de centrarse en comprender cuáles son los factores externos que influyen en la génesis de los tumores.

P: ¿Vivimos en un ambiente cancerígeno? ¿Hay ciudades más tóxicas para el desarrollo de la enfermedad?
R: En relación a este tema, en mis conferencias y en tono coloquial suelo afirmar que hemos dejado de der Homo sapiens para convertirnos en Homo toxicus. Estoy convencido que nuestro actual estilo de vida en la que estamos expuestos a multitud de sustancias “sumamente conflictivas”, son el principal motivo de la creciente incidencia del cáncer. Pero aparte de los factores genéticos, de la predisposición familiar y de los hábitos insanos, la ciudad de residencia condiciona mucho más de lo que se pensaba la aparición de los tumores.

En España, el mayor mapa de la mortalidad por cáncer realizado hasta la fecha, por el Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III, que depende del Ministerio de Sanidad, refleja que no todos los españoles tenemos el mismo riesgo de desarrollar un cáncer, de hecho, la localización geográfica es determinante. A modo de ejemplos, en las zonas de Cádiz, Huelva, Cataluña, Asturias o País Vasco, la probabilidad de contraer un cáncer de pulmón, laringe o tejido conjuntivo es hasta tres veces mayor que en el centro de la Península, aspecto sólo explicable por la contaminación industrial.

Otros tumores, como el de útero, aparecen con más frecuencia en zonas costeras del Mediterráneo, lo que los investigadores relacionan con la mayor promiscuidad sexual por el turismo. El riesgo de morir por cáncer de estómago es mucho mayor en áreas de Castilla y León, como Burgos y Palencia, que en el resto de España. El estudio lo atribuye a las costumbres alimentarias en estas zonas rurales, en las que pueden consumirse más alimentos curados o ahumados, dietas ricas en carnes y más pobre en frutas y vegetales que en las zonas costeras, aunque los investigadores no descartan otras causas ambientales, como la contaminación del agua por nitratos y nitritos. Finalmente, los tumores de pleura, una membrana que recubre los pulmones, están exclusivamente asociados al amianto presente en la uralita, habituales en los municipios de Madrid y Barcelona. Otros tumores, como el de encéfalo, riñón y los mielomas, son susceptibles de ser causados por determinadas ocupaciones profesionales.

P: ¿Hay algo de nuestro entorno: alimentos, cosmética, detergentes, productos químicos, envases, pinturas….que esté suficientemente libre de pecado como para que tire la primera piedra?
R: En la actualidad, todos ellos están en el punto de mira. Bajo mi punto de vista, existe una gran distancia entre la creciente evidencia científica sobre la más que probable carcinogenicidad de algunas de las sustancias que forman parte de los productos que has mencionado y la escasa voluntad política para regularlos. Afortunadamente, ya contamos con muchísimas alternativas, en forma de alimentos y productos de higiene personal y cosméticos de procedencia bio así como el empleo de materias primas más naturales y, cómo no, también más respetuosas con el medio ambiente.

P: ¿Cáncer es igual a miedo?
R: El simple hecho de que a una persona le diagnostiquen un cáncer, especialmente la forma como ha sido comunicado, hace que normalmente se sienta, entre otras emociones, un miedo atroz. Imagina a una mujer, como fue el caso de mi madre, a la que le dicen que padece un tumor en alguno de sus pechos. En primer lugar, sentirá miedo a los efectos secundarios que sentirá con su más que probable tratamiento de quimioterapia. Posteriormente, pensará como la extirpación del mismo afectará a su imagen y a sus relaciones como mujer. Pero en algún momento del proceso, probablemente sienta mucho miedo a que el tumor pueda acabar con su vida, máxime si esta mujer tiene hijos pequeños,…
Si me lo permites, para dar un giro positivo a la pregunta, también te diré que el diagnóstico de cáncer, pese a ser una de las cosas más desagradables que nos puede suceder, lo podemos convertir también en una oportunidad. En este sentido, prefiero decir que cáncer es igual a cambio.

P: ¿Cuál sería tu decálogo para la mejor prevención?

  1. Ser coherente con uno mismo.
  2. Evitar en la medida de lo posible la exposición carcinogénica.
  3. Establecer estrategias de eliminación de tóxicos.
  4. Alimentarse adecuada y equilibradamente.
  5. Realizar ejercicio físico.
  6. Resolver los conflictos emocionales.
  7. Alejarnos de las personas tóxicas.
  8. Leer y rodearnos de las personas que nos aporten sabiduría.
  9. Respirar conscientemente y meditar.
  10. Ser feliz.

P: ¿A qué investigadores, médicos, terapeutas sigues como tu línea de trabajo? ¿Quién está haciendo bien los deberes en este campo?
R: Sigo los avances de la oncología convencional, especialmente aquellos que tienen que ver con los nuevos fármacos basados en dianas moleculares, en la inmunoterapia y muy esperanzado con el devenir de la epigenética. Presto mucha atención a la reciente aparición de una nueva línea de trabajo no invasiva denominada Oncología Intervencionista. Sigo bastante a aquellos científicos que trabajan con líneas de investigación en relación al metabolismo y a las células madre tumorales. Me interesa también muchísimo y no tanto en relación al cáncer, la denominada biología de sistemas y sus posibles aplicaciones.
Son también muchísimos los aspectos que me interesan en relación a las medicinas no convencionales. Especialmente, aquello relacionado con dotar de evidencia científica a estas estrategias. Por otra parte, todo aquello que implique el vínculo: emoción, mente y cuerpo. Pero también aquellas terapias muy sutiles que pese a no estar dotadas de la suficiente evidencia científica, tenga de ellas un buen feedback por parte de terapeutas y personas enfermas.
Creo que hace bien los deberes quién aporta soluciones con sus investigaciones y/o su experiencia. También quién siendo crítico, lo es de forma constructiva y con pleno conocimiento de lo que opina.

P: ¿Cómo hay que acompañar desde la alimentación a un paciente oncológico?
R: En primer lugar, me gustaría matizar que además de los conocidos tratamientos antitumorales, es decir, la cirugía, quimio y radioterapia, dianas moleculares,…, debería incluir obligatoriamente unas adecuadas pautas nutricionales. Ello debería implicar, al menos, dos aspectos. Por un lado, las conductas evitativas de aquellos alimentos o sustancias con suficientes evidencias de carcinogenicidad. Por otro, implementando hábitos alimenticios basados en aspectos metabólicos conocidos de la enfermedad tumoral.

Por ejemplo, desde la Medicina Integrativa se está implantando las dietas cetogénicas. Ello es debido a que como el tumor tiene avidez por la glucosa, la supresión de su ingesta se propone como una interesante estrategia.
En cualquier caso, considero fundamental la implicación de dietistas-nutricionistas bien formados y abiertos. Precisamente, una de ellas, Bianca Muresan, ha tenido una participación muy importante en el libro PODER ANTICÁNCER.

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