“Donde entra el aire y el sol, no entra el doctor” (Refrán popular)

En mi último artículo os dejé varios consejos fundamentales sobre nutrición y estilo de vida para empezar a implementar en este nuevo año. Pero en el artículo de hoy y en los sucesivos profundizaré un poco más sobre ciertos aspectos más específicos que nos ayudarán a entender mejor nuestro organismo y cómo todo lo que ocurre en él está relacionado entre sí.

Muchas veces el invierno es una época en la que nos invade cierta apatía e incluso tristeza, en algunos casos. Una de las posibles causas de estos sentimientos puede ser la falta de exposición solar que sufrimos durante estos meses. Esta es una de las razones por las que os aconsejaba en el artículo pasado salir a la naturaleza al menos una vez a la semana, para respirar aire puro, pero también para exponernos al sol.

La falta de exposición solar puede traer consigo la deficiencia de una importante vitamina, la  D, ya que nuestro organismo produce esta vitamina a partir de la exposición solar directa sobre nuestra piel.

Lo ideal sería exponernos al sol al menos 20 minutos al día sin ningún tipo de protector (evitando horas de máximo sol, sobretodo en verano) para obtener unos niveles óptimos de vitamina D. Pero en invierno esto puede ser algo complicado, por ello es aconsejable medir este parámetro en los análisis de sangre rutinarios y con ese dato decidir si es necesario suplementar esta vitamina o no, ya que su exceso también puede ser perjudicial.

La vitamina D es prácticamente una hormona, dadas sus funciones en nuestro organismo, y su deficiencia puede estar relacionada con síntomas similares a la depresión o la fatiga, pero también otros síntomas como la desregulación del azúcar en sangre, problemas óseos y musculares e incluso hipertensión.

A veces, a pesar de que exista exposición solar adecuada, nuestros niveles de vitamina D pueden ser bajos debido a que no la absorbemos bien. Esto puede deberse a varios factores, por ejemplo a problemas intestinales como trastornos inflamatorios o desequilibrio de la flora intestinal.

También es importante tener unos niveles adecuados de ácidos grasos esenciales, sobretodo de omega 3, para facilitar la absorción de esta vitamina. Hay muchos alimentos ricos en omega 3 como las semillas y los frutos secos (crudos), el aguacate, las hojas verdes o el brócoli.

Por tanto, para estar más felices es fundamental mantener una buena salud intestinal, no solo porque absorberemos mejor nutrientes como la vitamina D, sino porque en el intestino se secretan diversos neurotransmisores, como por ejemplo, la gran mayoría de la serotonina, la hormona de la felicidad. En el siguiente artículo profundizaremos más sobre este tema.

Producto destacado: SEMILLAS DE CHÍA

En Ecorgánic puedes encontrar esta fantástica semilla que posee un contenido muy elevado de ácidos grasos esenciales, especialmente omega 3. Además, también es muy rica en calcio y proteína. Si las juntas con agua y/o leche vegetal puedes elaborar un delicioso pudding de chía, fantástico para empezar el día.

Ana Estellés

Lic. Biotecnología Biomédica

Dip. Nutrición Terapéutica

www.anestelles.com

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