Si consumes huevos, no tengas dudas. Que sean ecológicos. Los convencionales proceden de una producción intensiva, industrial, donde las gallinas se someten a un estrés excesivo, se las alimenta de forma insana y con piensos que contienen aditivos prohibidos en la alimentación humana y que, sin embargo, están autorizados en la cría de animales.

La realidad hoy es que este producto ha dejado de ser el huevo de corral que llegaba a la cocina de nuestros padres o abuelos procedente del corral que tenían junto a la casa.

Aquellas gallinas se alimentaban con los restos de comida, peladuras de frutas y verduras, pan y granos de maíz, además de todo lo que picoteaban las gallinas de la tierra.

La nutrición dice que una de las proteínas de mayor calidad que existe está en los huevos. Pero la calidad de ésta, y del conjunto de sus nutrientes, depende de su producción y los huevos que compramos en el mercado pueden estar intoxicándonos.

¿Qué diferencia hay entre unos y otros?

Los huevos ecológicos nacen de gallinas libres de estrés que se han criado en libertad, en campos sin abonos químicos ni plaguicidas, y con una alimentación a base de cereales de producción ecológica. Ello le da un color característico y suave a la yema y una clara menos transparente. Los huevos están mucho más unidos y compactos.

En la parte no visible, a las gallinas ecológicas no se les se suministra hormonas, antibióticos, ni ningún tipo de sustancia química o artificial. Pasan el día al aire libre y la noche dentro de corrales, pero sueltas.

En cambio, las gallinas ponedoras de la industria convencional están toda su vida sin poder moverse; en jaulas reducidas de 30 por 35 por 43cm (a veces hasta 3 aves juntas) sin apenas poder ponerse de pie. Además, permanecen las veinticuatro horas del día con la luz encendida para aumentar la producción. Como resultado de ello, mientras una gallina criada al aire libre pone un huevo al día, estas duplican su producción diaria.

Además, como la concentración de animales es alta, se dificultan las condiciones de higiene y la circulación del aire, con una mayor contaminación del hábitat del animal.

Al tener poca movilidad, las gallinas no pueden eliminar la carga tóxica que tienen de antibióticos y hormonas de crecimiento y todo ello pasa a los huevos.

Estas gallinas de cría industrial pueden llegar a poner unos 250 huevos al año, una cifra bastante superior a su capacidad natural, con la consecuencia de quedar debilitadas, morir por obstrucción del huevo en oviducto, deformaciones hepáticas y osteoporosis.

Estudios llevados a cabo en la Universidad Politécnica de Valencia por Lola Raigónhan demostrado que el perfil nutricional del huevo ecológico es mucho más interesante: contienen más proteína y menos grasas y además un 8% más de ácido oleico.

Cuando llegan a nuestra mesa, los huevos no ecológicos tienen una sobrecarga detóxicos. Uno de ellos es la cantaxantina, un colorante que aporta tonos rojizos y amarillentos a la yema y que se suministra a las gallinas a través del pienso.

La Unión Europea planteó reducir hasta un 75% la cantidad máxima del colorante que se usa en la industria agroalimentaria en la actualidad para dotar también al salmón o al marisco de tonos rojizos, amarillentos o anaranjados y un amarillo más brillante a la yema de los huevos.

Se apunta que la cantidad de colorante utilizado hasta ahora (0,03 miligramos por kilogramo de masa corporal) no es peligrosa para la salud humana, pero hay estudios que confirman que se acumula en la retina humana afectan a la visión, además que supone un “riesgo para la salud que, a largo plazo, resulta imposible de cuantificar”.

De otro lado, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria llevó a cabo un trabajo en el que detectó que el consumidor que elige huevos ecológicos o de corral se expone a una concentración hasta 4 veces más baja de hidrocarburos aromáticos policíclicos -mutágenos y carcinógenos-.

La investigación de la Unidad de Toxicología del Departamento de Ciencias Clínicas de la ULPGC, fue publicada en la revista internacional Food and Chemical Toxicology con el título ”Influencia del modo de producción de los huevos en la ingesta diaria de hidrocarburos policíclicos y contaminantes organoclorados”.

Se analizaron 57 contaminantes antropogénicos (16 hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs), 20 plaguicidas organoclorados (OCPs) y 18 bifenilos policlorados (PCB) en huevos de consumo procedentes de tres tipos diferentes de producción: convencional, de corral y ecológicos adquiridos en los mercados de las Islas Canarias.

A diferencia de lo descrito en otros estudios realizados en el norte de Europa los investigadores de la ULPGC no encontraron diferencias en el contenido de OCPs o PCBs en relación con el tipo de producción. Los OCPs más frecuentemente detectados en los huevos fueron dieldrin, dicofol, hexaclorobenceno, p,p’-DDE y p,p’-DDT.

CÓMO IDENTIFICAR UN HUEVO BIO

CÓDIGO CERO. En la tienda, al comprarlo, el primer dato que identifica el huevo es el código cero que lleva impreso en su cáscara.

SELLO ECOLÓGICO. Y por supuesto, el cartón o envase en el que se presentan debe llevar el certificado ecológico del comité regulador.

COLOR AMARILLO. Una vez abierto, si la yema tiene un intenso color naranja no es ecológico. Hemos de encontrar un huevo amarillo, con tonalidades anaranjadas, pero no naranja, que es la tonalidad que da la producción ecológica, donde no se utilizan colorantes para alimentar a las gallinas.

Facebooktwitterpinterestmail